Soñé con África ayer, durante toda la noche, después de haber asistido a la actuación del Ballet Nacional de Argelia. La fuerza del Magreb y del Mediterráneo estalló delante de la fachada imponente de la catedral de Granada, a una hora donde todo el mundo estaba predispuesto a contagiarse del espíritu de fiesta que se desprendía de esta actuación inolvidable. El color, el exotismo, la música, los sonidos y los movimientos eran un espejo de la amplísima cultura del país argelino y de su riqueza cultural. Pura vida y pura energía fue lo que nos trasmitieron a todos. También belleza y elegancia.
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