En todos los países cultos del mundo se ha creado al menos una gran compañía de ballet cuyo repertorio está formado principalmente por los grandes clásicos.

Desafortunadamente, en España todavía no es así.

Para Stravinsky el arte por excelencia es el ballet clásico: «Por la belleza de su disposición y el rigor aristocrático de sus formas, responde exactamente a mi concepción sobre el arte». «Y si tanto aprecio el valor del ballet clásico no es simplemente por gusto, sino porque en él reconozco precisamente la expresión perfecta del principio apolíneo». Qué mejor que recordar estas palabras del genial músico para celebrar el «Día internacional de la danza» de 2005. Es, concretamente, el ballet clásico, tan admirado por el compositor ruso, el que ha colocado a este arte entre los más venerados y deseados del mundo escénico.


Desafortunadamente, en España todavía no es así. En todos los países cultos del mundo se ha creado al menos una gran compañía de ballet cuyo repertorio está formado principalmente por los grandes clásicos. Y han sido precisamente esas compañías y sus escuelas las que en cada país han aportado un importantísimo significado artístico que ha hecho que el ballet tenga un éxito, una exposición y un eco en muchas ocasiones superiores a los de la ópera y las otras artes escénicas. Son las grandes producciones clásicas de esas compañías, sus escuelas, sus bailarines estrella, los que van creando vocaciones, afición e interés por todo lo que rodea al ballet, y consecuentemente a la danza moderna. Hay que decir que para crear todo esto no se necesitan abultadas sumas de dinero. Sólo es cuestión de ponerse a ello. Un ejemplo, Gran Bretaña era un país sin ningún tradición de danza. Aproximadamente en 1930 los británicos empezaron a formar escuelas y grupos de danza en serio.


Pues bien, en sólo 16 años, o sea, en 1946, ya habían formado una compañía de altísima calidad -Sadler's Wells Ballet- que actuaba en el Covent Garden con representaciones clásicas. Desde 1956, esta compañía se llama Royal Ballet de Londres, que básicamente representa a los clásicos y en la que en estos momentos triunfa de forma espectacular la española Tamara Rojo. Como ven, en muy pocos años los ingleses formaron una de las mejores escuelas del mundo, un repertorio y una gran compañía (además del Royal Ballet, entre otras, allí hoy existen el Birmingham Royal Ballet, el English National Ballet y el Scottish Ballet).


En España, ha pasado todo el siglo XX y casi un lustro del presente y el ballet continúa sin tener la presencia ni el lugar que se merece. Yo creo que es momento de detenerse y preguntarse por qué en nuestra nación no avanza el ballet. Pues no hay que darle muchas vueltas. Hay un solo camino para intentar que las cosas cambien. La fórmula ha tenido éxito allí donde se ha implantado: crear una compañía que tenga en su repertorio los grandes ballets clásicos, además de otros estilos, tal como hicieron en todo el mundo. En Estados Unidos y en Europa, han sido las compañías de ballet clásico las que han despertado y atraído una inmensa afición por el ballet y por todo los estilos de danza.


Es más que obvio que lo que se ha hecho en España hasta ahora no ha funcionado. Entonces, cambiemos la fórmula. Han pasado ya 15 años desde que Nacho Duato se hizo cargo de la dirección de la Compañía Nacional de Danza. Además, a partir de 1995 también dirige la CND2, compañía para jóvenes bailarines. Estas dos «compañías Nacho Duato», pagadas por todos los españoles, se han transformado en un coto cerrado de Duato en las que únicamente se hace «duatodanza». Como ya he dicho en otras ocasiones, actualmente algunas de las más grandes estrellas del ballet en el mundo son españolas, pero en su patria no tienen dónde bailar, ya que este territorio está vedado por todo aquel que no sea «duatobailarín».


Ya sabemos lo que nos ha dado Duato: monotonía, quince años de bailarines anónimos y, en el mejor de los casos, obras discretas sin ningún voltaje. El mismo Duato se queja de que todavía hoy la danza es la última de las artes escénicas en España. Y yo me pregunto, ¿es que el valenciano no se habrá parado a pensar que probablemente sean sus dos compañías y su danza, que no levantan entusiasmo ni chispa, uno de los principales responsables de esta deprimida situación? Él ha tenido las oportunidades que nadie jamás ha disfrutado en nuestra nación. Le han entregado dos compañías en exclusiva, millones de euros, excelentes salones de ensayos, todo el respaldo de los teatros nacionales y, con todo eso, en quince largos años no ha conseguido que la danza en España salga de una situación de inferioridad. No se puede admitir que la danza en nuestro país empiece y termine en Duato. Los que amamos este arte tenemos todo el derecho a reclamar de nuestras autoridades culturales que el ballet clásico forme una parte importante de nuestras artes escénicas.

Por Vicente CUÉ
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Danza Ballet

La danza y el ballet
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